Escuchar tu voz, después de saber que te fuiste, me permite sentirte un poquito más cerca. No porque tu cuerpo descanse hoy en paz y ya no pueda salir a defender lo que nos pertenece, sino porque el espíritu y las ganas de vivir se refleja en cada sonrisa luchadora que te recuerda sin bajar los brazos. Si algo querriamos todos que pudieras saber en este momento, es que los sueños de una justicia argentina siguen intactos en cada pensamiento... Aunque estoy segura que cuando partiste de este mundo lo sabías. Lo sabías porque entendías que las cosas marchaban bien cada vez que tus ojos se iluminaban con la mirada de la compañera de tu vida, de la madre de tus hijos, de tu esposa y por muchos años más, nuestra querida presidenta.
¡Siempre vas a vivir en mí!
Gracias por todo Néstor, hasta siempre.
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